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La Tomatina de Buñol: de una pelea improvisada a una tradición internacional

Esta es la historia de la famosa fiesta valenciana que guarda un particular origen detrás

 

 

Este miércoles 26 de agosto, las calles de Buñol vuelven a teñirse de rojo como cada último miércoles de agosto con La Tomatina, una de las fiestas más reconocidas de España y uno de los grandes atractivos turísticos de la Comunidad Valenciana, la cual celebra en 2026 su 79.ª edición, con alrededor de 22.000 participantes y 150.000 kilos de tomates preparados para una batalla que se prolongará durante apenas una hora. Detrás de las imágenes de calles cubiertas de tomate existe una historia marcada por la improvisación, las prohibiciones y la insistencia de unos vecinos que se negaron a dejar desaparecer una tradición que hoy identifica a Buñol en todo el mundo.

 

Una pelea en 1945 que terminó haciendo historia

 

El origen de La Tomatina se remonta a el último miércoles de agosto de 1945, durante el tradicional desfile de gigantes y cabezudos de las fiestas de Buñol. Un grupo de jóvenes intentó hacerse un hueco dentro de la comitiva y, durante el altercado, uno de los participantes cayó al suelo. La situación fue aumentando de intensidad hasta terminar en una pelea.

 

Cerca del lugar había un puesto de verduras y los tomates se convirtieron rápidamente en improvisados proyectiles. Los presentes comenzaron a lanzárselos unos a otros hasta que las fuerzas del orden intervinieron para poner fin a aquella peculiar batalla. Lo que parecía destinado a convertirse en una simple anécdota cambió al año siguiente. Los jóvenes regresaron al mismo lugar, esta vez llevando tomates desde sus propias casas para repetir voluntariamente el enfrentamiento.

 

La prohibición de La Tomatina

 

Las autoridades intentaron frenar la nueva costumbre durante los años siguientes. La policía disolvió en varias ocasiones las batallas y, a comienzos de la década de 1950, La Tomatina llegó a estar prohibida. La medida no consiguió acabar con la celebración. Algunos participantes incluso fueron detenidos, pero buena parte de los vecinos continuó defendiendo una fiesta que ya empezaba a formar parte de la identidad popular de Buñol. El episodio decisivo llegaría en 1957, cuando una nueva prohibición provocó una de las protestas más recordadas de la historia de la localidad.

 

El “entierro del tomate” que recuperó la fiesta

 

Ante la imposibilidad de celebrar La Tomatina, los vecinos organizaron el conocido como “entierro del tomate”. La protesta adoptó la forma de una procesión fúnebre en la que los participantes recorrieron las calles portando un ataúd con un enorme tomate en su interior.

Una banda de música acompañó la comitiva interpretando marchas fúnebres, reforzando el carácter simbólico y humorístico de la protesta.

La iniciativa tuvo éxito. Las autoridades terminaron permitiendo nuevamente La Tomatina y la celebración comenzó a consolidarse oficialmente en el calendario festivo de Buñol.

 

De tradición local a fenómeno internacional

 

La popularidad de La Tomatina fue creciendo con los años. En 1983, un reportaje de Javier Basilio emitido en Informe Semanal, de Televisión Española, contribuyó a dar a conocer la fiesta en el resto del país. El reconocimiento definitivo llegó en 2002, cuando fue declarada Fiesta de Interés Turístico Internacional.

 

La dimensión actual demuestra cuánto ha cambiado desde aquella pelea de 1945. En 2026 se utilizarán 150.000 kilos de tomates, 30.000 más que el año anterior, transportados hasta Buñol en siete camiones. Los frutos se cultivan específicamente para la celebración y se dejan madurar para que puedan aplastarse con facilidad.

 

Una hora de batalla para 22.000 personas

 

La batalla de tomates dura solamente una hora y actualmente cuenta con un aforo limitado a 22.000 participantes para controlar las aglomeraciones y reforzar la seguridad. Este año, además, cerca de 1.000 efectivos entre seguridad privada, Policía Local, Guardia Civil y Protección Civil forman parte del dispositivo preparado para la jornada. Ochenta y un años después de aquella pelea improvisada, La Tomatina continúa demostrando cómo una costumbre espontánea, prohibida durante años y defendida por sus vecinos, terminó convirtiéndose en una de las fiestas españolas más conocidas en todo el mundo.