El virus del Nilo Occidental ya no es una amenaza excepcional en Europa. Su circulación estacional alcanza nuevas áreas y obliga a reforzar la vigilancia. Los últimos datos del ECDC muestran un cambio relevante. Hasta el 21 de agosto de 2026, Europa había registrado 625 casos autóctonos en 12 países. Italia encabezaba el recuento con 311 infecciones, seguida por Grecia con 157 y España con 63. Además, 99 áreas europeas habían comunicado transmisión local. La expansión preocupa porque la temporada atraviesa su periodo de mayor actividad. El ECDC sitúa habitualmente el pico entre agosto y principios de septiembre.
Virus del Nilo Occidental: cómo se transmite
El principal vector europeo pertenece al género Culex, especialmente Culex pipiens. Este mosquito común mantiene el virus circulando mediante un ciclo entre aves y mosquitos. Cuando una hembra pica a un ave infectada, puede adquirir el patógeno. Después, puede transmitirlo a otras aves durante nuevas picaduras. Los humanos y los caballos también pueden infectarse. Sin embargo, normalmente no desarrollan suficiente carga viral para mantener la cadena de transmisión. Ese detalle explica por qué controlar únicamente los casos humanos resulta insuficiente. La vigilancia de aves, caballos y mosquitos permite detectar riesgo antes de nuevos contagios.
Qué síntomas provoca la fiebre del Nilo Occidental
Alrededor del 80% de las personas infectadas no presenta síntomas. Cerca del 20% desarrolla fiebre, cefalea, cansancio, dolores corporales o molestias digestivas. La enfermedad grave es mucho menos frecuente. Aproximadamente una de cada 150 infecciones puede evolucionar hacia meningitis, encefalitis u otras complicaciones neurológicas. La edad avanzada y determinadas enfermedades aumentan el riesgo de cuadros graves. Actualmente no existe una vacuna aprobada para prevenir la infección en humanos.
España ya afronta transmisión local
España registraba 63 casos autóctonos en la actualización europea del 21 de agosto. Andalucía ha concentrado buena parte de la actividad comunicada este verano. A comienzos de agosto, las autoridades andaluzas confirmaron un fallecimiento en Dos Hermanas. El paciente tenía 82 años y había desarrollado meningoencefalitis.
La vigilancia también detecta circulación fuera de los casos humanos. En agosto se confirmaron infecciones en caballos de Gran Canaria, por primera vez en Canarias. Estos hallazgos recuerdan que el mapa del riesgo puede cambiar rápidamente. La ausencia de casos humanos no significa necesariamente ausencia de circulación viral.
Por qué el mosquito amplía su presencia en Europa
Las temperaturas más altas prolongan la actividad de muchos mosquitos. También pueden favorecer temporadas de transmisión más largas cuando coinciden con humedad y huéspedes adecuados. El problema no afecta únicamente al virus del Nilo. El mosquito tigre, transmisor potencial de dengue y chikungunya, ya está establecido en 16 países europeos. El ECDC considera necesario reforzar la coordinación europea. Propone combinar vigilancia entomológica, participación ciudadana y medidas de control adaptadas al impacto ambiental.
Cómo reducir el riesgo de picaduras
La prevención empieza en casa y alrededor de ella. Conviene vaciar recipientes con agua, limpiar desagües y evitar pequeños puntos de cría durante semanas cálidas. Los mosquiteros, la ropa que cubre brazos y piernas y los repelentes autorizados añaden protección. Estas medidas resultan especialmente útiles al amanecer y anochecer. En España, Mosquito Alert permite comunicar observaciones de mosquitos y posibles criaderos. La ciencia ciudadana ayuda a complementar la vigilancia oficial en zonas sensibles. También conviene seguir los avisos sanitarios locales. Los programas municipales pueden identificar áreas de riesgo y aplicar tratamientos cuando la vigilancia detecta actividad elevada.
Un riesgo que exige vigilancia, no alarma
El virus del Nilo Occidental se está consolidando como un problema estacional europeo. Su avance exige vigilancia integrada, prevención doméstica y respuestas rápidas de salud pública. España forma parte de ese escenario. Revisar patios, terrazas y recipientes con agua puede reducir criaderos y mejorar la protección frente a nuevas picaduras.

